Entrevista a Samanta Villar (30-06-2015)

Samanta Villar en Es Sexo – esRadio (30-06-2015)

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Samanta Villar: ‘Pensé en prostituirme para hacer un reportaje’

14344933745598Por tele, radio y papel, Samanta Villar defiende el periodismo gonzo. Tras hacerlo en cada emisión de ’21 días’ y ‘Conexión Samanta’, el programa en el que trabaja actualmente, decidió abordar el complejo y polémico tema de la prostitución en el libro ‘Nadie avisa a una puta’ (Libros del K.O., 2015). Tan lejos lleva su amor por la transgresión, que se planteó hacerse pasar por una profesional del sexo para un reportaje. Fue el estigma social la que la frenó: “tendría que justificarme toda mi vida”. Aunque no compartió la experiencia con los personajes de su relato, sí pudo sentir en sus carnes la espada de Damocles que pesa cada día sobre la cabeza de estas mujeres: la del miedo al rechazo.

Una ‘asistente sexual’ que se alivia los deseos de los discapacitados,un grupo de chicas que trabajan en un piso, una anciana que sobrevive gracias a sus clientes de toda la vida, la chica que se enamoró de un hombre que conoció en internet, la dura historia de una víctima de explotación sexual, la vida nocturna de los falsos hoteles donde se prestan servicios sexuales y la ‘escort’ que ama su trabajo plagado de lujos forman este libro coral y sorprendente que muestra la cara menos conocida (y la más amable) de la prostitución. Hablamos con Villar de algunos de los aspectos más interesantes de esta controvertida profesión.

¿Por qué decidiste escribir sobre la prostitución?
Me lo sugirió una persona cercana y en la búsqueda de las prostitutas me ayudó mi amiga Rebeca Tobelem. Al principio no encontraba bien el enfoque, pero según fui indagando, me di cuenta de que la idea que yo tenía de la prostitución era muy diferente a lo que las chicas me iban contando. Creo que se puede dar una visión muy novedosa y normalizadora de la prostitución. A mí no hay nada que me guste más que la trasgresión.

¿Cuál es la diferencia entre la realidad y el estereotipo?
El estereotipo confunde todo el rato la explotación sexual y la prostitución. Una cosa es la trata de mujeres, que es un crimen y hay que perseguirla y erradicarla, y otra cosa es la que ejercer las mujeres de manera voluntaria. Hay muchas que lo hacen libremente y reivindican sus derechos, su consideración por parte de la sociedad y la eliminación del estigma. Estas mujeres emancipadas, independientes y profesionales del sexo dominan de puertas para dentro: deciden qué servicios hacen, cuáles no y a qué precio. Si llega un cliente que pide un servicio que tú no haces, no se le atiende. Además, está el concepto también poco conocido de cliente fijo, señores que acuden a ellas semana tras semana durante años. Cuando estableces una relación tan personal durante tanto tiempo surge una amistad como mínimo.

¿Y el estigma afecta también a los clientes?
Sí, cuando hablas con ellas te das cuenta de que esa imagen de viciosos, depravados, medio drogadictos, que acuden a una mujer para dar rienda suelta a las fantasías más perversas, en realidad no existe. La mayoría son hombres normales y corrientes: padres de familias, buenos maridos, de unos 35 a 50 años. Es verdad que cada vez hay clientes más jóvenes porque estamos asistiendo a un tiempo de ruptura de los conceptos morales relacionados con el sexo. Son solo hombres aburridos, que van al trabajo de una señorita que les hacen sentir bien. Normalmente un hombre no aguanta una hora teniendo sexo. Hay un cuarto de hora de sexo y tres cuartos de hora de compañía: de escuchar, de comprender, de decirte que guapa estás, qué estupendo… Ellos entienden el juego y saben que su trabajo es ese.

¿Cuánto de verdad y cuánto de mentira hay en la prostitución?
Hay mucha mentira, para mí ellas son sobre todo actrices. Es como en otros muchos trabajos de cara al cliente, tienes que sonreír. Igual que a mí me molesta que una dependienta me atienda de morros, imagínate en un acto tan íntimo como el sexo. No es un trabajo para cualquiera.

“Si no hubiera miseria, habría menos prostitutas, pero si no hubiera estigma habría muchas más”, reconoce Montse, el primer testimonio del libro. Además de a clientes habituales, esta prostituta presta servicio a hombres con discapacidad, algo que ella describe como una función social.

¿Hay alguna diferencia entre la asistente sexual y la prostituta?
Claro, ella utiliza ese nombre para los servicios a gente con discapacidad. Alguien que no la tenga, no necesita asistencia de ningún tipo. Es un término muy transgresor, es un juego de palabras con el nombre de “asistencia social” y además es muy gráfico. Hace entender que cumples una función importantísima para esa gente.

A veces vas a hacer servicios con estas mujeres, ¿cómo consigues ganarte su confianza?
Hay muchas de ellas que tienen la necesidad de compartir sus vivencias. Ponte en su piel. Están llevando una doble vida. Su gente más cercana no sabe que están ejerciendo la prostitución. Vivir con eso encima durante años es un estrés: tienes que saber mentir y mantener la coherencia. Eso es agotador. Muchas de ellas sienten alivio al compartir su historia con alguien.

Hablando de ponerse en la piel del otro, en el libro cuentas que te planteaste prostituirte para un reportaje.
Sí, me hace gracia porque esto llama mucho la atención. Yo siempre en mis reportajes, desde ’21 días’, intento experimentar de alguna manera aquello que se va viendo. Por tanto, el siguiente paso era preguntarse, ¿me prostituiría?. El ‘quiz’ de la cuestión de ese planteamiento es que enseguida dije ‘no’ y luego reflexioné y me pregunté ‘¿por qué respondo tan rápido que no, si yo misma he descubierto un mundo que no es tan difícil como yo pensaba y que no me parece tan tremendo? Eso es, simplemente, el peso del estigma. A todos nos han programado educacionalmente para rechazar cualquier contacto con la prostitución y yo misma sentí en ese momento ese peso. Entonces reflexioné sobre qué sentirían ellas. Me pareció muy interesante ese momento. Yo iba preguntando como curiosidad por los ‘clubs’ y a las chicas cuánto podría cobrar y me decían que 3.000 euros. Yo sé que si llegase a hacer eso tendría que justificarme toda mi vida, esconderme o dar explicaciones profesionalmente, personalmente, a mi familia, etc. Tienes todo un entorno que te presiona para que no lo hagas.

De todas las historias del libro la menos sorprendente es la víctima de la trata.
Es verdad, es la que todos conocemos. Quizás influida por ese estereotipo, me parecía que teníamos que incluir la trata porque forma parte de esa realidad. Cuanto más tiempo pasa, más pienso que me faltó un poco de valentía para decir ‘no’. Ya está bien, ¿por qué hay que meter un pie en esto para que no te puedan decir que estás en los mundo de yupi y no has visto la realidad?. Por otro lado, me venía muy bien porque el hecho de que solo 1 de las 7 historias sea de la trata está en sintonía con una cifra de la ONU que es muy desconocida: solo 1 de cada 7 prostitutas en el mundo ejercen obligada. Cuando me di cuenta de que el libro está estructurado así fue una feliz casualidad, pero luego pensé que quizá no era tan casual.

¿Has recibido ‘feedback’ de las asociaciones feministas?
Entre las propias feministas están bastante divididas. Al abolicionismo se llegan por vías totalmente opuestas: la de las mujeres más conservadoras y la del feminismo más combativo, que no tiene nada que ver con las primeras, pero que consideran que abolir la prostitución significa luchar a favor de los derechos humanos. Esos extremos se tocan. Es verdad que el otro día en Twitter tuve tres tuits muy escuetos pero en los que quedó muy clara su opinión. Por desgracia buena parte del feminismo no entiende que hay un sector de trabajadoras sexuales que las necesitan. Ellas creen que sigue siendo un trabajo de sumisión al hombre porque no saben que de puertas para dentro son las prostitutas las que dominan. No están obligadas a hacer lo que quiera el cliente. Cuanto más cobras más decides y eso pasa en todos los trabajos. Me da pena que las feministas no estén apoyando a las prostitutas, me parece una situación injusta y cruel y que con el tiempo cambiará.

 

En el libro hay muchos aspectos positivos de la prostitución y pocas oscuridades, ¿es intencionado?
Claro, yo vengo a descubrir lo que no sabes. Lo oscuro ya lo conoces porque te lo han contado los medios de comunicación. Lo que no sabes es que las cifras que se dan no son reales. No es verdad que el 95% de las prostitutas lo hagan obligadas. Si buscas las fuentes de las estadísticas te das cuentas de la inconsistencia: no hay un censo real, no se ha estudiado a fondo el sector…La Asociación de Dueños de Club de Alterne de España (ANELA) cifra en 300.000 las prostitutas que hay en España, el INE para calcular el dinero de la prostitución con respecto al PIB cifró en 600.000 las prostitutas en España. ¿De verdad te crees que hay 600.000 esclavas en nuestro país? El escándalo sería de magnitudes bíblicas, por sentido común no encaja.Es un trabajo muy muy duro, pero esa realidad existe. Hay mujeres que han hecho el cálculo esfuerzo-beneficio y les compensa quedarse en esta actividad. Es un trabajo duro, pero ganas mucho dinero con relativamente pocas horas de trabajo.

Dices que no estás acostumbrada a tantos elogios viniendo de los ‘palos’ de la tele ¿Qué tal el paso de la pantalla al papel?
Muy bien, me he dado cuenta de que lo paso mejor escribiendo que haciendo televisión, pero no me da para ganarme la vida. A mi una de las cosas que más me gusta es aprender. Tienes que irte documentando y hablando con personas, pero hay un momento en el que te quedas sola ante el folio en blanco. La televisión es muy intensa, hay que saber bregar en esa oleada constante, es un medio inestable en el que se fiscaliza tu trabajo minuto a minuto.

De todas las críticas de la televisión, ¿cuál te ha dolido más?
Me parecía muy injusto que los críticos de televisión lanzaban opiniones sin fundamento. No se dan cuenta de la cantidad de trabajo que hay detrás de las cámaras y sobre el terreno. En todos los reportajes hay que “remar”: el personaje se cansa, se cae a última hora o cambia de opinión y no quiere salir, se te derrumba el esquema que habías montado y tienes que reconstruirlo a contra-reloj… Entiendo que el espectador no tenga que conocerlo, pero que un crítico no lo entienda y se fije solo en una frase que tú has dicho es un poco ingrato.

Es un libro de mujeres que has dedicado a tus “hombres”.
Creo que soy una mujer muy masculina. Después de años de hacer reportajes sobre intersexualidad, transexualidad y debatir sobre qué es el género, me he dado cuenta de que soy una mujer muy masculina y esto encaja con que durante mi vida siempre me he llevado mejor con los hombres que con las mujeres. Me lo paso mejor. Cuando nos sentábamos a la mesa y las chicas empezaban a hablar, yo me pasaba al otro bando. Soy un poco ‘chicarrón’. Me preocupan poco las cosas tradicionalmente femeninas. Por ejemplo, soy muy poco presumida. Por eso, me considero más chico. El libro también se lo dedico a mis padres porque me han educado en una libertad tremenda, nunca me han acomplejado con nada , ni me han dicho ‘ten miedo de esto’, ni ‘ no vengas por la calle sola a las 4 de la mañana’. Solo me han dicho ‘ten cuidado’ como a mi hermano.

En el cuarto capítulo, Villar narra la historia de amor entre un cliente y una prostituta que se conocen a través de un foto de internet. Ella decide dejar de ejercer, él de consumir. Hoy en día, la pareja sigue unida y tienen una hija en común.

En el libro hablas de una pareja formada por un ‘forero’ que comenta sus experiencias sexuales en internet y una prostituta de la que se enamora ¿cómo se gestionan los sentimientos?
Yo creo que es lo más difícil para ellas. Por un lado, tienen que intentar que tus sentimientos no salgan a flote cuando conocen a un tío que les trata bien, les gusta o con el que el sexo va bien. Luego tienen un problema muy grave: la mayoría de sus parejas no aceptan su trabajo. No es imposible que lo asuman pero es complicado. Luego con el tiempo me di cuenta de que esta es una historia trampa porque es la prostituta la que al final se redime: se enamora y abandona su oficio para ir por el buen camino del amor y el sexo en pareja. Quizá hubiera sido más interesante la de la prostituta que no puede enamorarse de su cliente. Además, imagínate que un cliente se enamora de tí, ¿cómo haces para no perderle como cliente, pero a la vez no herir sus sentimientos? No creo que haya un manual para eso.

Es sorprendente que el 50% del servicio que realiza la mujer se lo lleve el local.
Eso es brutal. Es el proxenetismo más bestia y del que menos se habla. Los proxenetas de los clubs son muy visibles y saben que no pueden cobrar por el servicio de las chicas porque les meten a la cárcel y tienen que buscarse tretas legales, pero en los pisos donde no entra nadie está el proxenetismo más galopante y de esto nadie habla. Y ojo, muchísimos proxenetas son mujeres. Tenemos el estereotipo del hombre macarra, mientras la mayoría de los proxenetas son antiguas prostitutas que dejan de ejercer y se hacen ‘madames’. Son muchas mujeres las que explotan a las mujeres. Esto se acepta porque está normalizado, pero no debería estarlo. Una mujer debe trabajar solo para ella misma.

Me ha faltado un perfil : el de la mujer que lo hace por placer y no por necesidad económica, ¿no existe?
Encontré un perfil así. Yo la llamo la ‘belle de jour’. Era una mujer casada, que hacía sus canelones para 20 personas en Navidad y era la perfecta madre de familia. Decía que trabajaba de enfermera haciendo sustituciones. Entonces cuando un cliente se ponía en contacto con ella, le decía a su familia que le habían llamado de una clínica de urgencias y se iba a hacer el servicio. A ella le gustaba esa sensación de sentirse deseada y ser ella la que mande. Para su autoestima y su ego era muy bueno, le hacía sentir muy bien. Hablé un par de veces con ella pero no pude acceder a lo que ella me contaba. Por eso, me la reservo para el día que pueda contrastarla y contarla bien.

¿Hay que legalizar la prostitución?
Sí, hay que acometer esta situación desde flancos muy diferentes para que se garanticen los derechos y los deberes de estas mujeres, y remarco esto último porque algunas no quieren pagar impuestos para que el “estado no sea su chulo”. También se debería luchar contra la pobreza y la igualdad porque es uno de los motivos por los que algunas chicas deciden entrar en la prostitución. Se necesitaría garantizar una alternativa de vida para que puedan decidir libremente, ya que también es cierto que muchas de ellas lo pasan mal porque moralmente les parece horrible. Del mismo modo, también hay que ayudar a las que sí quieren ejercer. Hay que abrazarlas socialmente. Igual que la falta de recursos les empuja a la prostitución, el estigma les frena a entrar. En resumen hay tres frentes: la ley, el dinero y que la sociedad las quiera, igual que quieren a una profesora, enfermera, taxista o arquitecta.

En el libro da la sensación de que tienes más empatía con la asistente sexual que con la ‘escort’
Claro, me identifico más con Montse que con la ‘escort, que’ lleva una vida más adolescente. A esta última la vi hace poco y estuve cenando con ella. Es una de las personas que más disfruta de su trabajo, le encanta. Ella dice que es muy sexual y encima le pagan por ello. Pero me siento menos identificada con esa vida. Sin embargo, la historia de Montse me enganchó porque las injusticias me enervan y no puedo evitar comprometerme. Incluso, a varias prostitutas les puse en contacto con Guayem Barcelona, con el que por cierto, estoy muy descontenta. Yo pensé que era el momento ideal porque se estaban montando las candidaturas ciudadanas y estaban repensando todo y era el momento de estas mujeres intervinieran. Desgraciadamente el círculo de género tenía un debate interno y no permitió entrar a las prostitutas. Hay que comprometerse con ellas. A ellas no les ayuda nadie.

¿Observas un cambio generacional entre las prostitutas veteranas y las jóvenes?
Sí, es brutal. Hay una generación que viene muy fuerte. La universitaria que se prostituía para financiarse sus estudios ha existido siempre. Ahora, esa misma estudiante ya no miente ni engaña sobre su profesión y esto es algo muy novedoso. Lo he visto en los tres o cuatro últimos años y no lo había visto antes. Yo creo que tiene mucho que ver con que estamos desvinculando el sexo de los valores a los que se ha asociado tradicionalmente y liberándolo. Estamos empezando a erosionar el estigma. Creo que la gente joven ya no siente el peso de este estereotipo social. Incluso, existe un empoderamiento de la palabra “puta” porque ella la están reivindicando para lavar su imagen y dignificar este concepto. Creo que dentro de 30 años no tendrá nada que ver la consideración de la prostitución con la de hoy en día.

http://www.elmundo.es/yodona/2015/06/22/55809846ca4741054d8b45a5.html

Samanta Villar: “En la prostitución también hay luz, pero nadie lo cuenta”

Hablamos con la periodista sobre ‘Nadie avisa a una puta’, su debut literario con el que profundiza en ángulos poco conocidos de la prostitución en España.

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En Nadie avisa a una puta, el nuevo libro de Samanta Villar, la periodista se mete de lleno en el mundo de la prostitución. Y lo hace sin prejuicios y liberando a las putas del estigma que las persigue desde hace siglos. Para escribir su debut literario, que ha editado Libros del K.O., Villar ha acompañado un día cualquiera a siete prostitutas: la especializada en personas con discapacidad, la joven que rota por pisos de citas, la anciana del barrio chino que aún ejerce porque la administración no reconoce su trabajo, la que se enamoró de un cliente especializado en foros de sexo en Internet, la emigrante captada por las mafias internacionales, la brasileña que se prostituye en un hotel de mentira y la escort que habita un mundo repleto de lujos.

Con sus testimonios Villar ha construido un relato basado en historias reales que cuenta sin tapujos cómo viven y trabajan las putas en España. Cuáles son las ilusiones y los miedos de las mujeres que cambian sexo por dinero. Esas mujeres que solo en nuestro país, si se legalizara el sector, aportarían a la Hacienda pública 2.880 millones de euros, según datos de la ANELA (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne). Para que nos hagamos una idea en 2013 el gobierno destinó una partida de 1.944,73 millones a educación.

Con estos datos en la mano, hablamos con Samanta Villar para conocer cómo consiguió liberarse de la censura y la compasión con el que se suele tratar el tema. Durante la conversación hablaremos sobre todo de las prostitutas que ofrecen sus servicios de forma voluntaria, haciendo hincapié en un perfil pocas veces retratado en los medios.

Durante el libro repites mucho que las prostitutas están hartas de cargar con el estigma…

Yo creo que el problema es que todos partimos de ideas preconcebidas. Yo las tenía antes de escribir el libro. La gente no se imagina que este es un mundo con mucha luz. Por supuesto, siempre y cuando hablemos de la prostitución voluntaria. La trata es otra cosa. Es algo durísimo y despreciable. Pero vamos a hablar del mundo de la prostitución voluntaria, del que menos se habla. Éste es un mundo con luz, con mujeres independientes que marcan sus reglas, se ganan muy bien la vida y están cansadas de ser señaladas.

¿Cuánto puede ganar una prostituta en España de media al mes?

El precio medio de un servicio en un burdel o en un piso suele ser 100 euros la hora. Con la crisis ha bajado a 80 euros la hora. Si multiplicas 80 euros por dos horas al día y por 30 días te salen 4.800 euros al mes. Cuenta con que no trabajen todos los días o que bajen mucho la tarifa (50 euros) y que la cosa se quede en 3.000 euros. Lo que te quiero decir es que si tienen la suerte de la chica, de la que hablamos en el libro, y tienen sus clientes fijos pueden ganar un sueldo muy digno trabajando poco. Esto es lo que las engancha. Ellas a veces organizan sus charlas de gestión de dinero para aprender a ahorrar porque es difícil que les dure toda la vida y son conscientes de que deben aprender a organizarse para el futuro. En el libro hablo de Montse, que tiene un hijo arquitecto, al que le pagan fatal. Ya ves siendo arquitecto gana mucho menos que su madre…

Me ha sorprendido que las protagonistas de tu libro, basado en historias reales, no quieren que se regularice su situación.

Ellas son como cualquier ciudadano de a pie. Si tú le preguntas a cualquier español la mayoría te dirá que preferiría no pagar impuestos. Muchas prostitutas se plantean el trabajo como algo temporal y una de las ventajas que tiene es que se gana mucho y libre de impuestos. Yo las traté muy de tú a tú, con mucha normalidad y les decía: ‘Vaya morro tenéis’. Y me contestaban que no querían que el Estado fuera su chulo. Y yo les respondía pero si el Estado es el chulo de todos. (Risas). Pero bueno, habría que hacer una encuesta mucho más amplia para saber la realidad porque sí me consta que existe un amplio sector que exige que se regularice su situación para tener las mismas prestaciones que el resto.

En un capítulo hablas de La Maña y Paquita, dos prostitutas ancianas de Barcelona. Ellas reflejan bien el problema de que profesión no esté regulada…

Sí, en su caso si hubieran cotizado hoy al menos tendrían una pensión. El problema es que muchas se lo plantean como algo temporal y no se planifican a largo plazo. Pero claro una vez que ya llevas 10 o 15 años es difícil.

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La ilustración de Carla Berrocal dedicada al capítulo del apartamento.

Háblame de esa especie de Trip Advisor de la prostitución que describes en el libro y que es tan popular en Internet…

Hay muchos foros de sexo y prostitución. Del que yo hablo es sexmercadobcn, pero hay muchos. Esto es como cualquier sector comercial. En la era de internet se deja una reseña completa del servicio. Ya sabes como un osteópata. Dejan comentarios tipo: Eva, catalana, es fantástica en esto y en lo otro… Cuando estás bien valorada en uno de estos foros te va bien.

Una de las prostitutas a las que entrevistaste te dijo que casi todos los hombres son unos puteros, que por su burdel pasan maridos que han dicho que van a comprar el pan, trabajadores que hacen una parada antes de volver a casa y que los congresos son todo un chollo para profesión… ¿Has perdido la fe en los hombres tras escribir Nadie avisa a una puta?

(Risas) Qué va. Para nada. Ellas tienen una visión parcial del mundo masculino. Lo que pasa es que ellas solo ven hombres que en su mayoría tienen pareja. Ven muchas infidelidades. Pero de ahí no podemos concluir que todos lo sean. Sigo pensando que hay hombres que van de putas y otros que no. Yo no he perdido la fe en absoluto. (Risas)

¿Qué papel juega la moda en el mundo de la prostitución?

Fíjate que uno de los sectores que más contento está siempre con la prostitución son los comerciantes que están cerca de un prostíbulo porque las chicas gastan dinero. Pregúntale por ejemplo a un taxista. Verás que está supercontento de que haya un burdel cerca de su parada. Las peluqueras, las tiendas de lencería, de maquillaje… Invierten mucho en su imagen. Cuando ellas empiezan a ganar se gastan mucho en caprichos. Y claro si hablamos de escorts de lujo que ganan 300 euros la hora, pues imagínate lo que se gastan en ropa.

En el libro te sugieren que tu misma podrías ganar 3.000 euros por una relación…

Hombre se te abre un mundo cuando te dicen eso. De pronto piensas anda pues podría ganar 3.000 euros en una hora y tirarme a la bartola el resto del mes. Pero en estas situaciones es donde te das cuenta del peso del estigma. Yo, por ejemplo, diría que no. Tendría que estar justificándome el resto de mi vida. El peso del estigma es demasiado fuerte.

¿Qué es lo más duro de ser una prostituta voluntaria?

Yo pienso que dos cosas: Por un lado, gestionar las emociones con los clientes porque surgen atracciones, enamoramientos, surgen sentimientos fuertes. Por otro, vivir estigmatizada. Es durísimo.

Aunque haya prostitutas voluntarias supongo que la mayoría de las mujeres que se prostituyen se ven obligadas por una necesidad económica…

Yo encontré tres perfiles. Abrumadoramente ganan las que lo hacen por necesidad económica. Dentro de este perfil de la necesidad económica existe la mujer que verdaderamente no quiere hacer este trabajo. Este tipo en cuanto gana un poco de dinero se suele salir. (Insiste en que hablamos de las que lo hacen de forma voluntaria no de trata) Luego existe la que entró pensando que sería algo temporal y se ha quedado porque piensa que no es tan malo como imaginaba. El otro perfil, que es muy interesante, es el de la chavala joven de clase media, que por alguna razón ha conocido a alguien del mundo y se mete cuando se da cuenta de la pasta que puede ganar. Este caso es mucho menor, pero existe porque hay un motivo muy poderoso: el dinero.

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La ilustración de Carla Berrocal dedicada al capítulo de la red social.

¿La inmigración y la prostitución van de la mano en España?

Sí, en España la mayoría de las putas son extranjeras. De hecho no es fácil encontrar españolas. Son tan escasas que muchas de ellas lo utilizan como reclamo.

¿Y cómo es el ‘putero’ medio español?

Solo hay que salir a la calle a darse un paseo y tres de cada diez más o menos. (Risas) Ahora hablando en serio te puedo decir que lo que mejor los define es la palabra normal. Se da en todas las clases sociales. La mayoría tienen en común una cosa: necesitan compañía, a alguien que les escuche. Se cree que son unos depravados, unos viciosos pero lo que cuentan las chicas es que tienen una necesidad gigante de afecto. Como sabes un hombre no suele aguantar más de 15 minutos de acto sexual. El resto de la hora es charlar, recibir cariño… En algunos casos, se establecen relaciones de años. De hecho, algunas les llegan a llamar novios.

Existe un debate interesante entre el feminismo y la prostitución…

Hay un sector del feminismo que ha abandonado a mujeres que son muy vulnerables. Necesitan apoyo y comprensión sin prejuicios. Al final son mujeres luchando por su supervivencia. Las que luchan por sus derechos lo hacen por una causa muy justa. Creo que las han abandonado, pero esto cambiará en el futuro. El problema surge cuando no se logra desvincular la trata con la prostitución. Y no tienen nada que ver.

¿Eres optimista respecto a la situación de las prostitutas en España?

No, no lo soy. No se va regular porque como es un problema que atañe a mujeres, en su mayoría inmigrantes, muchas sin papeles, que ni tienen derecho a votar, a ningún gobierno le interesa. Lo que sí creo es que las propias prostitutas están cambiando de actitud.

¿En qué sentido?

En los últimos años, ha surgido una nueva generación de prostitutas jóvenes con otra mentalidad, que ya no se plantean esconderse. Esto es muy novedoso. Incluso se están empoderado de la palabra puta. Si seguimos por este camino en 30 años habrá cambiado la concepción que tenemos de ellas. Igual que ahora hablamos de estrellas porno que son muy conocidas y para nada se esconden.

De hecho en Nadie avisa a una puta hablas de prostitutas que hacen una gran labor social…

El primer capítulo es sobre un caso de una puta especializada en servicios a discapacitados. Me encanta esta historia porque te hace añicos el estigma. De repente te das cuenta que ésta no es la prostituta viciosa y ninfómana que te imaginabas. Tampoco es una víctima que te tenga que dar pena. Es simplemente una señora, que hace un trabajo muy digno, con una función social tan importante que de pronto es ridículo estigmatizarla. Muchos discapacitados y sus familias están muy agradecidos a estas señoras que les alivian y les hacen sentir bien.

Cuéntame una última cosa sorprenderte del mundo de la prostitución en España que no pueda imaginarme.

El proxenetismo en nuestro país se ejerce mucho por mujeres. Normalmente se trata de mujeres que eran putas y se montan un negocio en un piso y se hacen madama. Claro que también hay proxenetas hombres, pero también bastantes mujeres. Pero es así. Hay muchas mujeres proxenetas en España.

 

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La ilustración de Carla Berrocal dedicada al capítulo de la asistenta.

https://smoda.elpais.com/placeres/samanta-villar-en-la-prostitucion-tambien-hay-luz-pero-nadie-lo-cuenta/

“Si algún día me va mal, me prostituiré”

CTXT entrevista a la periodista Samanta Villar, que publica ‘Nadie avisa a una puta’ en la editorial independiente Libros del K.O.

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No lo duda: podría dedicarse a la prostitución. Lo dice con los ojos azules de Elizabeth Taylor y las ganas de polémica de Edna Buchanan, la mítica corresponsal de sucesos americana. Samanta Villar (Barcelona, 1975) se pone en la acera de las prostitutas para subrayar la idea que acompaña su primer libro, la necesidad de normalizar el oficio.

En Nadie avisa a una puta (Libros del K.O.) desinfecta de estereotipos groseros la cultura subterránea de la prostitución. Lo hace en un ejemplo de periodismo narrativo muy alejado del docudrama televisivo a tiempo real. En cada una de las historias de siete prostitutas hay un inteligente distanciamiento donde su voz no es un selfie de cámara sino el testigo de primera mano que vertebra el relato.

Así aparecen la joven que rota por pisos de citas en donde nunca entra la luz, la anciana del barrio chino de Barcelona que aún ejerce porque la administración no reconoce su trabajo o la emigrante nigeriana capturada por las redes de trata de personas. También la escort especializada en personas con discapacidad que defiende su profesión y que lamenta, como cuando falleció uno de sus clientes con los que sumaba casi 800 encuentros, que nadie avisa a una puta.

La entrevista tiene lugar en un café de La Latina. Samanta Villar viene de grabar un reportaje de la nueva temporada de Conexión Samanta, que se estrenará en septiembre. Llueve en Madrid.

¿Has avisado ya a la puta de que publicas su historia?

(Risas) Sí, claro, además es la única que aparece con su nombre real. Pidió que no saliera su apellido, pero es bastante conocida.

Es Montse Neira –prostituta, activista, politóloga–, ¿por qué no quiso mostrar su apellido?

Cuando empecé a preparar el libro, hace cinco años, Montse no estaba tan afianzada en su idea de proyectarse públicamente como ahora. Es que no es fácil, ¿eh? Hay mucha lucha detrás.

“Este es el primer libro que escribe en su vida”, se lee en la cubierta. Parece una sentencia epitáfica.

Es verdad, muy solemne, como si fueran a venir 25 más. 

¿A tus editores en Libros del K.O., que siguen una línea muy independiente de literatura de no ficción, les preocupa cómo se va a reaccionar ante una figura mediática, televisiva, en su catálogo?

A mí me preocupa más lo que les pueda pasar a ellos que lo que me pueda pasar a mí por haber publicado en una editorial indie. Cuando rechacé la oferta de una casa importante y me puse en contacto con ellos lo hice por dos motivos: porque admiro su trabajo y porque ellos, precisamente, lo primero que me dijeron fue: “Nosotros no publicamos estrellas porque sean estrellas”. Y esto me gustó. Me propusieron un trabajo de edición con el que he aprendido mucho. Una editorial más grande perseguiría más el tirón comercial del nombre, que si sales en la tele… Sí que es verdad que tengo miedo a que gente muy fiel a Libros del K.O. diga Ahora estos tíos se han vendido y publican una mierda de esta chica que hace esos reportajes en televisión.

Pero no dudaron cuando leyeron el libro.

Fue lo que me convenció de que iba por el buen camino. Sí que es verdad que tenemos prejuicios. También es una prevención. ¿Nos va a contaminar esto la marca? Hay muchos autores mediáticos que les publican cualquier cosa porque son mediáticos.

¿Pensaste en prostituirte?

Cuando hacíamos 21 días uno de los temas que enseguida nos planteamos fue el de la prostitución. Éramos muy puristas, la vivencia tenía que ser una vivencia real. No puedes vestirte como una prostituta pero no prostituirte. Ese no es el pacto con el espectador. Sin embargo, no me lo llegué a plantear porque el estigma tiene mucho peso. Conociendo este mundo como lo he conocido y una vez que lo he desmitificado –he visto clientes bastante normales y relaciones muy dignas y humanas y exquisitas: esto es, que me podría sentir cómoda–, sigo rechazando esa posibilidad por un estigma que me habría obligado a justificarme el resto de mi vida profesional. Pero te digo una cosa, si algún día me van mal las cosas en la vida, yo sé que tengo esas habilidades sexuales y que con eso me puedo ganar la vida. Y lo defenderé a muerte.

¿Pero para escribir el libro era necesario ejercer la prostitución?

Sí que tiene sentido periodístico hacer un gonzo. Es un punto de vista único. Esa vivencia solo la tienen ellas. He recreado situaciones por lo que ellas me han descrito, pero cuando eres tú quien lo hace, lo que voy a contar tiene otros matices. ¿En una corrida de toros te interesa el punto de vista del toro?

En el libro hablan las prostitutas. Después de leerlo, ¿los abolicionistas seguirán pensando que la prostitución debería desaparecer? ¿Los regulacionistas seguirán pensando que la prostitución debería reglamentarse?

Sin duda. Los abolicionistas, por ejemplo, ya conocen estas historias. No parten de la ignorancia. Las que llegan desde el feminismo consideran que aunque tú quieras hacer este trabajo de forma voluntaria, te estás sumando al concepto patriarcal de sumisión.

También es la manera de dinamitar ese patriarcado: mi sexualidad es mía.

Claro. Si tu ves el mundo como un sistema de sumisión y consideras que todo el género femenino está sumiso, pues no entiendes que una mujer se empodere y domine la escena sexual y elija a sus clientes. Para una abolicionista eso será una ilusión de empoderamiento porque en el fondo estarás contribuyendo a ese sistema patriarcal.

Resulta curiosa esta coalición entre conservadores religiosos y algunos sectores del feminismo.

Creo que las feministas radicales deben de sentirse muy incómodas cuando coinciden con las ultracatólicas en esto. 

¿Y las prostitutas qué opinan? Porque muchas también rechazan la legalización.

Tienen más cara que espalda. Yo muchas veces se lo digo. “¿Tendrías que pagar impuestos?”, me responden muchas de ellas; “¿sí?, entonces prefiero que no se legalice. ¿Que el Estado sea mi chulo? No, gracias”. 

Una juez se dio de alta como prostituta en la Seguridad Social para demostrar que el proceso para legalizar la prostitución existe.

Sí, el problema es que la inmensa mayoría se ahorra los impuestos. ¿Tú sabes lo que es ganar tres mil euros al mes libres de impuestos?

La ONU afirma que una de cada siete mujeres de las que trabajan en la prostitución es víctima de las redes de trata de personas. El libro sigue ese esquema: siete capítulos y uno de ellos describe la trata de mujeres. Esas estadísticas son globales, ¿se mantienen también en España?

Es imposible saberlo. No hay un censo regulado y las cifras son muy dispares. Todo es muy opaco. Incluso el INE, que ha incluido el sector de la prostitución para calcular el PIB, trabaja con números ficticios. A mí me contaban las prostitutas que las llamaban para preguntarles cuánto ingresaban al mes. Todas declaraban la cuarta parte de lo que ingresan, por si acaso. No vaya a ser que si daban cifras altas, tres o cuatro mil euros, les pasaba factura. 

La economía sumergida debe ser enorme.

Lo más desconocido son los pisos. Quizá se sepa dónde se encuentra uno por el botón rojo del portero automático, pero no lo que se mueve dentro. Sin orden judicial no puede entrar la policía. Y solo bajo sospecha de un delito flagrante, lo que no suele ocurrir. El gran proxenetismo se da en los pisos, donde la tarifa se reparte al 50 por ciento entre la prostituta y el proxeneta, que normalmente es una ex prostituta. El gran problema está ahí y nadie habla de eso. Los clubes están tan a la vista que no se pueden permitir el riesgo. Los dueños saben que no pueden cobrar el servicio sexual. Saben que irían directamente a la cárcel.

Hay una marcada ambigüedad legal en torno al proxenetismo.

Sí, una inseguridad jurídica tremenda. El dueño de un prostíbulo sabe que no puede cobrar de una prostituta, por lo tanto no la puede contratar ni pagar su Seguridad Social. Muchas prostitutas, cuando se enfadan con el dueño de un club o tienen un problema, les denuncian en magistratura. Trabajaban para él y han sido despedidas sin finiquito ni nada, denuncian. Las sentencias han acabado diferenciando la actividad de prostitución de la de alterne (una alternadora es la que capta clientes para que consuman copas, como una relaciones públicas: su trabajo sí que tiene que estar cubierto por la Seguridad Social). Pero no me extrañaría que alguna vez un empresario contrate a las chicas como relaciones públicas y acabe en la cárcel por proxeneta.

¿Qué va a pasar en Barcelona con la prostitución? Ada Colau se ha mostrado cercana a la Asamblea de Activistas Pro-Derechos sobre el Trabajo Sexual de Cataluña.

Yo no soy optimista. Animé a las prostitutas que conozco a que se unieran a Barcelona en Comú desde que se gestó la plataforma, desde Guanyem, para que se escucharan sus reivindicaciones ya en el origen. La experiencia no ha sido buena. A alguna de las prostitutas le han pedido que no siga yendo a las charlas de la plataforma porque “tienen un debate interno que está por solucionar”. Como los círculos de género no se ponen de acuerdo –que si el feminismo es esto o lo otro–, las han vuelto a excluir. Estoy muy defraudada.

Describes las rutinas de un club, la cotidianidad de un apartamento. ¿Salías de allí con sensación de alivio?

No, mi perspectiva es diferente. Si me quedo es porque cada día se me ocurren ideas nuevas, tengo nuevas experiencias, la vivencia se enriquece. Y cuando tienes una alternativa todo cambia. 

El ciclo de muchas prostitutas en un club es curiosamente de 21 días. Lo tuviste en bandeja.

(Risas) Tengo la intuición, sin fundamento alguno, de que el 21 es un número cabalístico. Responde al ciclo menstrual de las prostitutas. También está el asunto de las rotaciones. Muchos clubes quieren cambiar de chicas continuamente para tener nuevo género. Y a ellas les parece bien este sistema. Cuando una es nueva en un sitio, trabaja más. La clientela busca la novedad. 

¿La plena regularización ayudaría a mitigar el estigma?

Qué duda cabe. Uno de los títulos que barajaba para el libro era De profesión, puta. Pero son varios flancos. Uno es el legal, pero el más importante es el mediático. Cuanto más conozcamos la normalidad de sus vidas, más fácil será normalizar su situación.

Los medios de comunicación tienden a mezclar prostitución y trata de mujeres.

Es un problema. Está ligado porque es la misma actividad, pero seguir uniéndolos solo cimienta la confusión. Cuando hablamos de industria textil no lo emparejamos con la esclavitud de un taller de chinos en Badalona. Con la prostitución no ocurre lo mismo. La única presencia mediática de la prostitución es en el contexto de la explotación sexual. La prostitución voluntaria se cubre con pinceladas anecdóticas. De vez en cuando se leen historias como la de la prostituta que estudia una carrera universitaria… ¡Pues claro! Como cualquier otra mujer.

La antropóloga Dolores Juliano destaca que la prostitución es el único trabajo que no se considera una estrategia de supervivencia. Tú puedes ser temporera y estar mal pagada y será una estrategia de supervivencia hasta que encuentres algo mejor. En cambio, con la prostitución nunca se maneja la misma interpretación.

Retratas con crudeza la trata de esclavas sexuales en la historia de la emigrante nigeriana.

Lo que más me duele de ese episodio es que ella, voluntariamente, porque no le queda más remedio, ya con papeles en regla, tiene que volver a la prostitución. Esa es la gran derrota. Ella intenta permanentemente salir de allí. A pesar de la explotación, de la violación y del secuestro, cuando consigue salir de todo eso se queda sin trabajo por la crisis y tiene que volver a la calle para subsistir. Deberíamos tener un sistema que protegiera a las mujeres que no quieren prostituirse, a aquellas que se ven obligadas a hacerlo por razones económicas. Yo creo que la prostitución no es para todas las mujeres. Es muy duro. Tienes que estar preparada psicológicamente y que te guste el sexo.

Para luchar contra la trata de mujeres, ¿no se debería incidir en la regularización de las prostitutas al mismo tiempo que se penaliza a los clientes que tratan con prostitutas sin papeles?

Si se regulasen los prostíbulos tendrían unos controles administrativos que garantizarían al cliente que en el local no hay explotación sexual. Pero luego está el estigma: imagínate que se expiden licencias de prostituta. El problema es que muchas de ellas no quieren que conste en su vida laboral. Simplemente lo consideran una estrategia de supervivencia y no quieren que deje huella. Tenemos que acabar con el estigma. A veces me dan explicaciones contradictorias y yo lo explico por el estigma.

-“Yo quiero dejar este trabajo”, me cuentan.

-“¿Y por qué no lo dejas”, les pregunto.

-“Porque si me voy de camarera cobro 30€ al día y con esto cobro 30€ en media hora”. Entonces no debe de estar tan mal. Hay un ejercicio de cálculo por su parte.

-“¿Por qué lo quieres dejar, entonces, por los clientes?”

-“No, si los clientes son majos”, me responden.

Lo quieren dejar porque viven en la clandestinidad. No lo pueden compartir ni sentirse orgullosas de su trabajo. Viven en un continuo rechazo social. 

¿Cómo lo lleva Brenda, la escort de lujo que gana 2.000€ en una noche en Madrid?

A escondidas. Ella, que es una tía que lo disfruta a lo bestia, que es puro sexo, que flirtea hasta con los vecinos de mesa en un restaurante, que le encanta su trabajo, ella, Brenda, lo lleva en secreto. Se metió porque tenía amigas que conocían el mundillo, vio que se ganaba muchísimo dinero y lo hizo sin obligación alguna. ¿Por qué lo lleva en secreto? Por la presión social.

Si la prostitución fuera una profesión mayoritariamente masculina, ¿estaría regularizada?

Seguro. Y no habría estigma. La prueba está en los gigolós.

¿De qué va a tratar tu próximo libro?

Me gustaría escribir uno sobre el tráfico de speed. Con la crisis ha subido mogollón su consumo, que es más barato. Pero es solo una idea muy loca porque tengo un contacto que es narco de speed y debería contar su vida. Veremos. Si me ha costado este cinco años de trabajo, no sé lo que me puede suponer otro.

http://ctxt.es/es/20150618/culturas/1441/Si-alg%C3%BAn-d%C3%ADa-me-va-mal-me-prostituir%C3%A9-samanta-villar-prostituci%C3%B3n.htm