“Me sorprende que las clínicas devuelvan el dinero si no logran embarazos”

La periodista relata su vivencia con la maternidad por donación de óvulos y explica “lo negativo, porque nadie lo hace”

Su vocación periodística y cierto carácter inconformista han hecho que Samanta Villar haya decidido hablar alto y claro sobre el proceso que le ha permitido ser madre: la donación de óvulos, uno de los métodos sobre los que todavía existe un tabú social que impide hablarlo sin tapujos. Después de haberlo retransmitido en primera persona desde el positivo en el test de embarazo hasta el parto en su propio programa emitido en Cuatro, ahora aprovecha para dejar constancia por escrito de la experiencia vivida, de las sensaciones experimentadas y de reflexiones algo más íntimas.

A lo largo de 270 páginas, Villar, a punto de volver a la televisión, expone los meses que pasaron entre pruebas médicas, fecundaciones in vitro y el embarazo en sí, y lo hace con cierto tono de humor en ocasiones y con mucha crudeza en otras, pero con la idea de decir sin censura algo que ha levantado ampollas: que la maternidad es un proceso complejo y que supone renuncias, aunque sea algo tan deseado que te empuje a embarcarte en todo lo que implica un procedimiento como el vivido por ella.

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Samanta Villar en un momento de la entrevista. 

Una vez que usted es consciente de que es un poco tarde para iniciar el proceso de la maternidad y se sometes a la evaluación de óvulos, ¿cómo accede a toda la información? ¿Es accesible?

Yo creo que cuando entras en contacto con un médico o una médica sí que es accesible. Lo que pasa es que la información solamente la tienes en el ámbito sanitario. Entonces hay un problema de tabú social, porque en la sociedad no se habla, y hay un problema ahí como de trauma de muchas mujeres por este silencio. Pero médicamente yo creo que sí, a mí me la dieron muy bien.

Es cierto que yo desde el principio ya fui a clínicas privadas porque tenía prisa y sabía que había una lista de espera en la Seguridad Social y que se me iba a pasar el arroz en ese sentido, porque ya tenía 38 años, o sea que dije: “Ya la Seguridad Social no tiene nada que hacer conmigo, a partir de los 40 me van a decir que se cierran las puertas y luego encima no hay una donación de óvulos o de semen en la sanidad pública, así que lo tengo mal”. Y ya me volqué desde el principio en la privada, me explicaron los diferentes pasos que podíamos seguir y fuimos siguiendo uno a uno. Inseminación me dijeron que ya era complicado por mi nivel hormonal, por mi reserva de óvulos. Hicimos un primer intento in vitro con mis propios óvulos que falló bastante prematuramente… Entonces ya fuimos directamente a la ovodonación. Fue fácil acceder a la información, a los precios… Todavía ahora estoy un poco confusa con los plazos, no acabo de tener claro el tema de los tiempos, pero los métodos sí que eran muy claros.

¿Ha hecho una estimación o cálculo de lo que le ha supuesto al final ser madre, económicamente?

No, no tengo hecho el cálculo.

Es un proceso caro…

Sí, a mí lo que más me asombraba era que te devolvieran el dinero si no lo conseguían. Hay muchas clínicas que te cobran, pongamos 10.000 euros por una in vitro y si no lo consiguen te devuelven 7.000. No el 100 por cien porque hay una serie de gastos, pero me impactó mucho porque no tenía asociadas estrategias de marketing a algo tan sanitario como la reproducción asistida y me choca, me sigue chocando, pero hay un montón de clínicas que lo hacen.

“Cuando salen figuras como yo diciendo que mis hijos son de donación de óvulos, ayudas a normalizar, y eso es importante”

¿Cree que la sociedad está empezando a prepararse para ver como normales este tipo de procesos de maternidad ahora que la edad para tener el primer hijo aumenta y es más difícil que las mujeres se queden embarazadas de una manera natural?

Yo creo que la reproducción asistida está muy normalizada porque abunda. Solamente hace falta ver la cantidad de mellizos que hay por la calle para darte cuenta de que in vitro se han hecho un montón. Y la gente ya habla con normalidad de “yo me hice inseminación o in vitro”… Hay algunas personas para las que todavía es difícil hablar de esto, pero cada vez hay más gente a la que no le cuesta. En cambio, sobre la ovodonación sí que hay un gran tabú. Esto sí que se vive como una gran pérdida, un cierto trauma, y hace falta normalizarlo.

¿Y si damos un paso más, respecto a la gestación subrogada?

Con esto se mezclan varias cosas porque en una gestación subrogada claramente el entorno se va a dar cuenta, porque no te van a ver embarazada y de repente vas a tener un niño. Entonces, yo creo que se animan a contar lo que es porque si no la gente va a pensar que es adoptado y genéticamente es tuyo. Pero hay mucha desinformación por uno y otro lado, algunos casos de gestación de algunos países no está claro que sean limpios del todo, mucha gente cree que la gestación subrogada en realidad es un abuso para las gestantes, un abuso en situaciones de marginalidad, etc. No es cierto que todas sean así. De hecho, a mí me consta que muy buena parte no tiene nada que ver con esto, sino que se busca a madres que ya hayan tenido sus propios hijos, genéticamente ese embrión no es de la gestante sino de una donante, incluso de la madre definitiva, se buscan parejas en situación emocional y laboral o económica estable para evitar situaciones de necesidad, etc.

Cuando conoces esto te das cuenta de que este proceso de materidad es mucho más altruista de lo que crees, aunque hay una compensación económica, que no es desdeñable pero tampoco es un gran negocio para el tiempo que estás y la dedicación física. Entonces te das cuenta de que es mucho más limpia de lo que piensas. Hay mucha gente que no tiene esta información, ahí se mezclan varias cosas que lo hacen complicado.

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“Yo destaco todo el rato lo negativo porque como nadie lo hace, siento que es mi obligación como periodista”, afirma Villar. 

¿Se podría mejorar de alguna forma, con legislación, con protocolos, con lo que sea, para que se ampliara un poco el abanico de gente que pueda acceder a ella?

Hombre, yo creo que la gestación subrogada se tiene que regular en España porque es una realidad que ya se está introduciendo a través del servicio que te dan otros países. Las parejas españolas están yendo a Ucrania, Estados Unidos, a la India a hacer gestaciones subrogadas. Por lo tanto, es una necesidad que tiene tu población que deberías cubrírsela. Obviamente, si lo regulamos nosotros, además nos evitamos los abusos a las gestantes. Para mí es de cajón que se tiene que regular. Si además el Gobierno asumiera el gasto médico y personal que supone, pues claro, sería ideal. Este es el mundo ideal, ahora a ver qué conseguimos.

Los casos sobre errores de laboratorios en procesos de fecundación in vitro no ayudan a que se popularice el proceso…

Claro, es que vamos a ver, el error humano siempre existe. Es verdad que se ha mejorado mucho en la trazabilidad de las muestras biológicas para evitar esto, pero cada X años sale otro caso. ¡Es un drama! Mira, hay una cosa muy interesante en las in vitros que me han hecho a mí. Cada vez que entra la bióloga con los embriones al quirófano donde te los van a transferir, gritan tu nombre. Entran diciendo: “¡Samanta Villar”!, y yo, al principio no entendía por qué gritan tanto… y luego, indagando como periodista, descubrí este caso en Italia de confusión en el transfer y pensé: “¡Ostras! Por eso gritan mi nombre y lo vocalizan tan bien, para cerciorarse hasta el último momento de que esos embriones que llevan el nombre de la pareja los van a implantar en la mujer correcta y no se van a equivocar. Es una cosa muy rudimentaria pero en realidad muy útil. En mi caso, como era donación de óvulos, me daba igual que se equivocaran de embrión, podía ser de cualquiera (ríe).

¿Ha localizado ya en Wikipedia alguna entrada para el ‘duelo genético’?

No lo he vuelto a mirar (ríe), ¿lo miramos? ¡Vamos a comprobarlo, es interesante! Igual como ha salido el libro ya alguien ha hecho la entrada… Fueron como pinceladas que me iban viniendo de ¿qué voy a hacer cuando me pregunten de dónde vienen sus genes? y ¿por qué no puedo conocer yo a la donante? ¿Se parecerán mis hijos a la donante? Son esas cosas que están ahí, pero luego hay un momento en que te das cuenta de que no tienen peso. hay tantas otras cosas que tienen tanto peso que eso se acaba diluyendo y llega un momento que ya se te olvida, cada vez lo piensas menos.

¿Qué se puede hacer, como sociedad, para cambiar un poco lo que llama ‘tabú de la infertilidad’?

Llamarle infertilidad es muy duro, y no es exactamente riguroso, porque la infertilidad no la tienes al 100 por cien, sigues teniendo un mínimo porcentaje de fertilidad. Por eso se dan estos casos de “me hice una in vitro y cuando nacieron mis hijos, a los seis meses me quedé embarazada de manera natural”. Es decir, tú no eres infértil al 100 por cien nunca. Llamarlo ‘infértil’ no es riguroso y es estigmatizante. Yo lo llamaría fertilidad reducida o fertilidad diferente, no sé cómo decirlo, porque ahora se llevan así los nombres más suaves.

También es una cosa muy íntima, y es normal que a mucha gente no le apetezca compartirlo todo. Lo que pasa es que si no se empieza a compartir no se normaliza. Siempre va a haber esas dos corrientes, pero sí, obviamente cuando salen figuras como yo diciendo “mis hijos son de donación de óvulos”, ayudas a normalizar y eso es muy importante, creas el referente.

¿Conoce el blog de ‘malas madres’? ¿Le ha dado tiempo ya a decir ‘soy una mala madre’?

Es que yo soy mala madre desde el principio porque yo hablo mal de la maternidad. Y eso, para cualquiera es de ser súper mala madre. Yo te destaco todo el rato lo negativo porque como nadie lo hace, siento que es mi obligación como periodista, decirte lo que nadie te dice. Entonces te cuento y te digo ‘toda madre te va a decir que es maravilloso, lo más bonito de tu vida’, y eso es una parte. Ahora te voy a contar toda la otra: es un sacrificio estratosférico. Si te lo pidiera una pareja te parecería intolerable, si te lo hicieran en un trabajo te recomendaría que lo dejaras porque eso es esclavitud. Pero cuando te lo hace tu hijo tú tienes que vivirlo como algo maravilloso. ¡Pero por qué! ¿Por qué hay que vivirlo como algo maravilloso? Si en otros ámbitos sería insoportable, pero es que en este también es insoportable. ¿Por qué no empezamos a hablar más de esto?

Puede ser por la creencia de que como mujer, su fin último tiene que ser ser madre…

Sí, eso es muy machista también, todavía queda ahí esa idea de que, para que la mujer se pueda sentir realizada tiene que ser madre. Y sin embargo, para que el hombre se sienta realizado no importa ser padre. Esto es tic machista, es completamente absurdo.

Respecto a su parto y los problemas que tuvo, ¿realmente considera que hay que cambiar el protocolo médico?

¡Sí! Yo creo que hay que cambiar los protocolos médicos porque en determinadas situaciones lo que marca siempre el protocolo es intervenir. Con muy buena intención, si yo lo entiendo, pero en mi parte, por ejemplo, que el protocolo marcaba que en 24 horas las prostaglandinas, que provocan la maduración del cuello del útero, si no han hecho efecto se supone que casi seguro no va a pasar nada y nos vamos directos a cesárea. Y yo decía: “¡Pero si no he tenido ni medio dolor ni media contracción! ¿Por qué es necesario hacer ya la cesárea? ¿No nos podemos esperar?”. Cuando ya lleguemos a un límite, rompes aguas, ya no se puede esperar más, vale, entonces sí que tiene sentido hacer una cesárea. Pero hasta ese momento ¿ por qué hay que intervenir? ¿No podemos seguir esperando? Mi cerrazón fue en ese sentido, que yo incluso llegué a dudar de mí misma, pensé ¿me estoy equivocando al esperar? Y sin embargo acerté.

De ahí que esté bastante decepcionada con determinados protocolos médicos, y no lo estaba antes de mi propia experiencia. No sabía que existía, ni me preocupaba, no soy una talibán del parto natural, pero me doy cuenta de que creo que hay un exceso de intervencionismo por parte de los médicos en determinadas situaciones que no requieren más que de espera. El cuerpo humano muchas veces, por sí solo, tiene los mecanismos para llegar a buen puerto en determinadas cosas. Claro, esto lo que me hace a mí ahora es dudar de todo el servicio médico.

Es como ahora, que pediátricamente te recomienden darle vitamina D al niño de manera preventiva. ¿Me tengo que tomar vitaminas de manera preventiva si no tengo nada manifiesto? Estoy un poco… se me ha generado una gran incertidumbre alrededor de ciertos protocolos que me hacen desconfiar de la atención médica y esto es una situación muy dura para una madre. Creo que voy a tener que estudiar Medicina para poder sacar mis propias conclusiones (ríe).

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La periodista relata en su libro su experiencia con la maternidad tras diferentes intentos. 

EN CORTO
Libro favorito
No tengo un libro favorito así de cabecera.

Película
‘La fuente de la vida’, de Darren Aronofsky.

Canción
Como himno adolescente, ‘A quién le importa’.

Una ciudad donde vivir
Barcelona.

Una ciudad para viajar
Buenos Aires.

Un objeto imprescindible
El móvil.

Un personaje de su vida
Mi madre.

Un protagonista histórico
Ninguno en particular.

Un lema vital
Tengo la obligación de ser feliz. No el derecho, la obligación.

Un equipo de fútbol
El Barça, pero bueno, de aquella manera.

Algo que le haga feliz
Todo. Soy yo misma, hay que darle la vuelta a la situación siempre, aunque estés en el pozo siempre todo tiene una parte positiva. Fíjate en eso.

https://www.redaccionmedica.com/la-revista/entrevistas/-me-sorprende-que-las-clinicas-devuelvan-el-dinero-si-no-logran-embarazos–6288

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Samanta Villar: «La maternidad supone un sacrificio estratosférico»

Apartó la televisión para dedicarse a sus mellizos. Contó su embarazo en «9 meses con Samanta» y ahora cuenta su experiencia en el libro «Madre hay más que una»

SAMANTA VILLAR: "TENER HIJOS ES PERDER CALIDAD DE VIDA"

¿Qué significa ser madre?
Un cambio de vida a todos los niveles. Diría que hay que reconstruir la vida cuando aparece un bebé, pero es posible. A ser madre le acompañan momentos preciosos pero también infernales.

¿Madre hay más que una?
El modelo y la manera de vivir la maternidad es muy diversa. Es un título transgresor que pretende remover conciencias. Ese relato idílico de que la maternidad es lo mejor que te puede pasar en la vida es solo una parte de la realidad ya que también supone un sacrificio enorme y estratosférico. La maternidad puede ser muy bonita por momentos pero esto no nos debe impedir contar las cosas como son.

Compartiste la experiencia del embarazo y ahora la maternidad. ¿Qué no contarías?
Hay muchas cosas que no cuento y que me reservo para mí. Hay tiempo para todo. He compartido la ovodonación porque hay un tabú a su alrededor y me parecía que como figura pública ayudaba mucho a normalizarlo al decir que mis hijos son fruto de la donación de óvulos.

En el libro relatas el complicado proceso de la gestación de tus dos pequeños. De todo el tratamiento ¿qué es lo peor y qué recomendarías a quién se fuera a embarcar en ello?
Recomiendo mucha calma y paciencia así como ser feliz todos los días porque es la mejor manera de conseguir lo que quieres y, si no lo consigues da igual, porque sigues siendo feliz.

Hablas de una «visión honesta y real de la maternidad». ¿Sientes que algunas madres mienten cuando cuentan su experiencia?
Siento que hay un tabú enorme alrededor de la maternidad que impide explicar alguna de las cosas, sobre todo las negativas. Al final te llega un relato sesgado de que ser madre es lo mejor que te va a pasar en la vida; vale, es lo mejor en algunos aspectos, pero puede ser lo peor en otros y está bien que tengamos información y lo sepamos.

¿Ser madre te llegó a obsesionar?
No, en absoluto. Mantuve la calma.

¿Crees que se debería divulgar o advertir más sobre las ventajas de la congelación de óvulos?
Sin duda, porque un dato que no conocemos es que a partir de los 35 años nuestra reserva ovárica baja en picado y creo que muchas mujeres, con esta información, tomarían decisiones diferentes.

Es un proceso caro y no está al alcance de toda la población, ¿se debería subvencionar?
Debería cubrirlo la Seguridad Social en todos sus aspectos, claro que sí. La desgracia es que las listas de espera son larguísimas, a partir de los cuarenta años ya no te atienden, en muchísimos sitios no hay donación de óvulos ni de esperma con lo que al final, nos abocan a la sanidad privada y éste es un gran negocio para ellos.

¿Cómo viviste sicológicamente la ovodonación?
Pasé un periodo de duelo genético que es el dolor por el que se pasa al darte cuenta de que tus hijos no van a llevar tu carga genética, pero luego me dio mucho miedo generar un fantasma con esto y decidí que no, que tenía que vivirlo con tranquilidad y alegría para poder hacer que mis hijos también lo vivieran así.

Con los pequeños a punto de cumplir un añito, ¿qué consejo le darías a una madre primeriza?
Que no se agobie, que pida ayuda y que no se sienta culpable si lo que está sintiendo no se corresponde con lo que le han contado. La maternidad es tan dura que todo el mundo ha pensado en algún momento por qué me he metido aquí.

¿Qué es para ti la felicidad?
Es algo que me obligo a sentir cada día. Tenemos demasiadas cosas de las que carecen miles de personas como para no valorarlo.

¿La maternidad es tu mejor reportaje?
Es mi mejor obra, sin duda, pero también la más dura.

¿Tendrás más hijos?
No lo he decidido, de momento, me centro en criar a estos y dentro de un tiempo ya veremos.

http://www.urbanvlc.com/noticias/2017/02/15/samanta-villar-la-maternidad-supone-un-sacrificio-estratosferico/

Samanta Villar

samanta-villarPeriodista, presentadora y autora del libro ‘Madre hay más que una’, un relato sobre la aventura de ser madre

“Se tendría que pagar un salario a las madres y los padres que crían a sus hijos, porque el sacrificio y la dedicación que requiere es bestial”

 

 

 

Convertirse en madre ha supuesto una auténtica revelación para Samanta Villar, periodista y presentadora de ’21 días’ (2008-2010), ‘Conexión Samanta’ (2010-2016) y ‘9 meses con Samanta’ (2016). No ha sido un descubrimiento de tipo emocional, tampoco ha encontrado Samanta a través de la maternidad cuál es su “prioridad” en la vida. Ha sido, más bien, el encuentro con una realidad que no era la que esperaba, marcada por la desmitificación de lo que hasta el momento ella pensaba que era “esto de ser madre”. Para mostrarnos el lado más difícil, “ese que nadie te cuenta”, ha escrito ‘Madre hay más que una’ (Editorial Planeta), un libro en el que a lo largo de casi 300 páginas la autora plasma de forma sincera cuál ha sido su propia y reveladora experiencia. Con sus luces, pero también con sus sombras, esas sombras que a veces se ocultan en el relato idílico de la maternidad.

madre-hay-mas-que-una-pEl camino hasta llegar a ser madre ha sido largo y no exento de sorpresas. Ahora, con la perspectiva de los años, ¿cómo sientes el proceso?

Bueno, el proceso fue más largo de lo que esperaba y también diferente a cómo lo imaginaba, porque realmente yo lo imaginaba de mis propios óvulos; pero más allá de eso, me parece que no ha cambiado mucho mi percepción. Yo he intentado que fuera lo menos duro posible y, aunque es cierto que me hubiera gustado no ser madre a los 40, sino serlo antes creo que hay cosas más graves en la vida.

Está claro que la vida nos cambia completamente cuando nos convertimos en madres. En el plano más emocional, ¿te ha transformado como persona convertirte en madre?

No. Esto que he oído muchas veces de “ahora sé cuál es mi prioridad” y cosas por el estilo, yo ya lo había descubierto antes de ser madre. Por mi trabajo había entrado en contacto con realidades muy duras que ya me habían hecho abrir los ojos a qué es lo verdaderamente importante: las personas a las que quieres y la salud. Si tienes estas dos cosas, todo lo demás es secundario. Tener a mis hijos es reafirmar eso; lo que quiero es tener a las personas a las que quiero cerca, entre ellas mis hijos, y poder vivir el máximo tiempo posible con salud y con alegría. Lo de la alegría ya nos lo gestionamos cada uno pero la salud…

“Me ha sorprendido la poca información que me había llegado sobre los aspectos más difíciles de la maternidad”

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de la experiencia?

Lo que a mí me ha sorprendido es la poca información que me había llegado sobre los aspectos más difíciles de la maternidad. Con difíciles no me refiero a esas quejas que muchas madres pueden tener acerca de sus hijos, sino a aspectos más profundos. Yo nunca hubiera imaginado que se puede llegar a estar tres años sin dormir, ni que se podía llegar al dolor por agotamiento físico, a mí nunca me había pasado esto antes, o que se deterioraran tus relaciones personales porque estás agotada e irritable. Sí que te dicen que hay momentos duros pero duro me parece un eufemismo, realmente es infernal (risas). Lo digo entre risas porque desde luego no es literalmente un infierno pero ¡ostras! Puede ser una de las experiencias más negativas en muchos aspectos de tu vida. Si has tenido una vida plácida y de repente te das cuenta de que te duelen los huesos y que tienes que seguir levantándote… ¡Uf! Eso es ser madre también. Así que lo que más he aprendido es eso, todos los aspectos negativos que no me habían contado con los detalles que yo creo que describen la realidad. Por eso he insistido yo en eso. La gente se cree que solo lo vivo así. Y no, la parte maravillosa también la vivo, pero esa no la cuento porque ya la sabe todo el mundo.

Con ‘Madre hay más que una’ buscas ofrecer una visión honesta sobre la maternidad. ¿Crees que lo has logrado o haría falta un segundo libro?

En esto de la maternidad cada año es una vida. Se pueden hacer infinidad de libros hasta que te mueres sobre el tema (risas). Sobre la crianza, la educación, el acompañamiento… Y esto me dicen que no se acaba nunca. Y yo me pregunto, ¿pero en serio tienes un hijo de 50 años y sigues sufriendo por él? Es algo que me sorprende mucho y que antes pensaba que era una exageración, pero ahora que estoy dentro me doy cuenta de que no. ¿Lo haré yo también? No tengo ni idea.

“En todos los temas en los que están involucradas la mujer y la sexualidad hay un discurso ya predeterminado de cómo se tiene que vivir”

¿Por qué crees que tendemos a idealizarla?

En todos los temas en los que están involucradas la mujer y la sexualidad hay un discurso ya predeterminado de cómo se tiene que vivir. Y en ese discurso hay un refuerzo muy positivo de una opción. En el tema de la maternidad el axioma es: “ser madre es lo mejor que te va a pasar en la vida”. Y entonces está idealizada porque todas las mujeres que coinciden en su vivencia con ese relato lo cuentan públicamente, con lo que se refuerza más esa idea. Sin embargo, las que no lo viven así no lo expresan públicamente porque quedan estigmatizadas. Así es como funciona la idealización. Abundan los mensajes de refuerzo positivo y escasean los que lo asocian a una visión negativa.

A ser madre, ¿se aprende?

Efectivamente, creo que a ser madre se aprende. Esa frase de “Como madre lo sabrás” me parece entre idealista y malintencionada, no sé cual de las dos. Como madre lo sabrás, no. Estarás muy despistada, sobre todo al principio, y como madre improvisas, cometes errores, aprendes… Como en cualquier otro aspecto de la vida.

No sé si conoces el libro de Carolina del Olmo ‘Dónde está mi tribu’, en el que habla de la falta de apoyo cuando te conviertes en madre. ¿Crees que influye la falta de “tribu” en la forma de vivir la maternidad?

Sin duda. Aunque yo también tengo mis dudas. Porque si en mi casa viviesen mis padres, mis hermanos, mis cuñados… ¿Sería eso más fácil? (risas) Me río porque me imagino el follón. Obviamente la tribu ayuda mucho para que una pueda descansar, pero también es verdad que hay cosas como la lactancia que son actos muy individuales. Y en eso no te puede ayudar nadie. Al final eres tú todo el tiempo. Es complicado. Ahora, para el resto de temas sí, pero hay determinadas cosas que solo puede hacer la madre, por desgracia o por fortuna.

La conciliación de las madres trabajadoras

“La crianza tiene que ser un esfuerzo compartido, a nivel personal y político, pero ahora todo el esfuerzo recae sobre los padres”

 

La conciliación es otro de los caballos de batalla de la maternidad. ¿Realmente existe la conciliación o “son los padres”?

No hay un planteamiento serio de conciliación. Y una cosa importantísima es que cuando lo hay se enfoca solamente hacia la mujer y yo creo que los hombres deberían empezar a reclamar su espacio como criadores. Y también que las empresas deben empezar a reaccionar, igual que los políticos. Hay medidas tímidas, como los 100€ al mes durante los tres primeros años de vida de tu hijo. ¿Y todo lo demás? La crianza tiene que ser un esfuerzo compartido, a nivel personal y político, pero desde luego ahora todo el esfuerzo recae sobre los propios padres.

¿Vivimos en una sociedad que estigmatiza tanto a la madre que se centra en la crianza de los hijos como a la que retoma su labor profesional?

Diría que hoy en día está menos estigmatizada la que retoma su labor profesional que la que se centra en criar a sus hijos, pero hay opiniones para todos los gustos. Fíjate en Soraya Sáenz de Santamaría, volvió a trabajar 15 días después de dar a luz y la pusieron a caer de un burro. Carolina Bescansa se lleva al bebé al Parlamento y la ponen a caer de un burro. Susana Díaz se reparte la baja con su marido y lo mismo (risas).

¿Valoramos poco la crianza y los cuidados?

Eso sí que es cierto y es algo de lo que yo me arrepiento porque antes de ser madre también me parecía una opción que despreciaba. Y luego me di cuenta de mi error. Y además creo que eso se tendría que valorar en el PIB, se tendría que pagar un salario a madres y padres que crían a sus hijos, porque el sacrificio y la dedicación que requiere es bestial. Nadie se pregunta quién cuida al cuidador e igual que se plantea una ayuda a la gran dependencia debería estudiarse también para la crianza. Y valorarlo mucho, porque sinceramente es un sacrificio bestial, gratificante también, pero son 24 horas al día que frenan tu desarrollo en todo lo demás.

La dureza oculta del posparto

“La parte maravillosa de la maternidad también la vivo, pero esa no la cuento porque ya la sabe todo el mundo”

Dices en el libro que curiosamente a los 21 días de convertirte en madre tuviste un momento de inflexión total que te llevó a reorganizar un poco tu nueva situación. ¿Fue duro llegar hasta ahí?

Fue terrorífico. Las tres primeras semanas de posparto, hasta que me di cuenta de que eso iba a continuar así, me pusiera yo como me pusiera, fueron terroríficas. Yo vivía una vida muy libre, muy emocionante, era muy dueña de mi tiempo y de mi estilo de vida… y de la noche a la mañana frenar en seco todo eso, estar encerrada en casa, sin poder dormir, dando el pecho a dos bebés, saliendo a contrarreloj… Fue un shock. Recuerdo pensar: “me he metido yo sola en la cárcel”. Pero como bien dices el día 21 me dije que tenía que asumirlo y disfrutar de la cárcel. Por eso digo yo que un hijo destruye todo al llegar, que tu vida de antes se acaba. Bueno, más que destruir es que lo pone todo en standby. Algunas cosas sí que desaparecen ya para siempre, como ser dueño de tu vida, pero otras las vas recuperando poco a poco.

Quizás se echa de menos que hables más del posparto en el libro…

El posparto lo escribí a contrarreloj, entre toma y toma. Entiendo que se eche de menos, pero es que en ese momento tenía a dos bebés de seis meses conmigo mientras tenía que escribir un capítulo sobre el tema. Lo que viví fue tan impactante que pensé que tenía que escribir sobre ello, pero te digo que lo escribí en una siesta que se pegaron los dos a la vez. Aproveché y lo hice así, a contrarreloj, porque tampoco es que tuviese mucho más tiempo para mí.

samanta-villar-p¿La depresión posparto es otro de los grandes tabús de la maternidad?

Es que como no se habla de estos temas… Yo antes pensaba que la depresión posparto se daba porque las mujeres idealizaban mucho la crianza y luego se daban cuenta de que era otra cosa. Pero es que incluso yo misma que ya pensaba que iba a ser esa otra cosa, se me cayó encima el mundo. Y luego además te das cuenta de que no es solo una cuestión mental, sino que también influyen las hormonas. Yo en el posparto era otra persona. Sentía distinto, pensaba distinto, si salía media hora de casa me angustiaba por mis hijos. Ahí se necesita apoyo psicológico, alguien que te diga que todo eso que te pasa es normal. Y claro, es un gran tabú porque muchas mujeres pensarán que están tristes por algo que deberían estar felices. Y tener una depresión y encima tener que silenciarla…

¿Cuál es el mejor consejo que podrías dar a una mujer que esté a punto de convertirse en madre?

Que pida ayuda siempre que la necesite. Que no se corte un pelo. Que no le dé reparos pedir ayuda, porque a veces nos sentimos como inútiles, pero no hay que agobiarse por no poder o saber hacer algo. No pasa nada, por eso no eres peor madre.

http://www.webconsultas.com/entrevistas/embarazo/samanta-villar-periodista-y-autora-del-libro-madre-hay-mas-que-una